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Tania Sarabia: “Hay que pedir respeto a la dignidad humana”

Acumula más de 40 años en la actuación y aún no tiene planes de retirarse. Ni la pandemia ni la crisis de la televisión y el teatro venezolano la bajan de ese tren. Además de presentar funciones online de sus recordados unipersonales, la artista estará en agosto en el Centro Cultural BOD para presentar Monólogos de la vagina, con ocasión del 20 aniversario de su estreno en el país

Nunca ha caminado tanto como para regresar, dijo Tania Sarabia en el video que tituló “Habla la muerta” y que subió a su cuenta de Instagram luego de que falsos obituarios la dieran por muerta tras haberse contagiado con covid-19. “Todavía no”, recalca, porque hay Tania para rato.

La reconocida actriz venezolana llevaba días pidiendo vacunas para el país, sobre todo para las personas consideradas de alto riesgo. Y a pesar de todos los cuidados, como ha ocurrido con tantos otros, la enfermedad encontró una grieta en la rutina y se coló en su intimidad a finales de mayo de este año. Estuvo cinco días hospitalizada en la Clínica Ávila, pero logró recuperarse. Sin embargo, el episodio asustó a más de uno en redes sociales: “Me mataron y no sé por qué. Pero después se disculparon conmigo, inclusive el alcalde de Chacao Gustavo Duque. Cuando yo vi eso dije: Se volvieron locos”.

“Tuve la suerte de no morirme y de que fuera leve. Tuve la respiración muy baja, pero me recuperé rápido, respondí a los tratamientos y a todo lo que me metieron; que yo ni pregunté. No entiendo cómo la gente no se quiere vacunar. A mí parece que es una irresponsabilidad y una inconsciencia total con todos los demás. Antes, cuando a uno lo vacunaban, uno ni preguntaba. Te ponían la polio, la triple, la no sé qué vaina. A uno le clavaban la aguja y ya está. Y ahora están con una mariquera con la vacuna. Si no hubieran inventado la vacuna estaríamos todos chuecos. Es ridículo, nojuege”, cuenta.

Tras esta etapa, ella sigue trabajando en lo que le apasiona. Para agosto se sube de nuevo a tarima, en formato presencial, con Monólogos de la vagina, que cumple 20 años de su estreno en Venezuela.

Producida por Carolina Rincón y con la dirección de Héctor Manrique, la pieza se presentará los días 20, 21 y 22 de agosto en la Sala de Conciertos del Centro Cultural BOD, ubicado en La Castellana. Junto a Tania Sarabia estarán la actriz Julie Restifo y la periodista Marianella Salazar.

Los monólogos de la vagina es una obra escrita por la estadounidense Eve Ensler y estrenada en 1996. Es producto de más de 200 entrevistas a mujeres de todas partes del mundo sobre el sexo, las relaciones amorosas, la violencia contra la mujer. Ha sido traducida a más de 40 idiomas y ha llegado a cerca de 120 países. En Venezuela la obra se estrenó en mayo de 2001, en ese entonces el elenco doble incluyó a Elba Escobar, Gledys Ibarra, Eva Moreno, Tania Sarabia, Carlota Sosa y Beatriz Valdés. Dirigida también por Manrique, se presentó en el entonces Ateneo de Caracas, espacio hoy convertido en la Universidad de las Artes. “Nos interesa la confrontación directa con el público”, dijo en aquel momento el director del montaje.

Usted participó en el estreno de la obra en Venezuela y estará también en la función aniversario, ¿cómo recuerda ese primer montaje?

—Muy emocionante. Cuando lo empezamos a leer fue muy fuerte porque nunca se había hablado de la vagina de esa manera. En Estados Unidos había roto record de taquilla, la gente estaba como loca porque nunca se había hablado así. Y la periodista que la escribió insiste en que tienen que ser leídos, lo que pasa es que uno se los memoriza de tanto leerlos. En ese entonces a mí me tocó junto a Carlota Sosa y Gledys Ibarra. Después venía el otro elenco. Hacíamos dos funciones. El día del estreno fue muy angustiante porque mientras nosotras estábamos leyendo la obra, uno de los mejores actores de este país, Rafael Briceño, que ya estaba mayor, se levantó de su silla en medio de la función y fue al baño. Allí le dio un ataque al corazón y murió. A nosotras no nos dijeron nada, nosotras seguimos la función. Cuando salimos, había un bululú. Fue muy duro. Nos pegó mucho. Yo había trabajado con él en la obra Acto cultural de José Ignacio Cabrujas; habíamos viajado y todo, porque llevamos la obra a varios festivales en España, México, Puerto Rico. Para mí ese día del estreno fue muy duro, conmovedor.

¿Y cómo reaccionó entonces el público?

—Nosotros llevamos esa obra por todo el país. Un día la presentamos en la Hermandad Gallega y no gustó mucho que se hablara de esa forma de la vagina. Hay muchos prejuicios. Tú puedes decir “me duele el estómago o me duele la cabeza”, pero no puedes decir “me duele la cuca o me duele la totona o la teta”, porque entonces dicen que es una grosería. Pero es un órgano más. Y hay un tabú ancestral sobre eso. A las mujeres en las comunidades africanas les mutilan el clítoris para que no sientan placer. Eso también se denuncia en la obra. El machismo es muy fuerte con respecto a la mujer. Gente de mi generación, amigos que no dejaban que sus mujeres fueran a un ginecólogo hombre sino a una ginecóloga. En un momento dado, la primera causa de muerte oncológica en la mujer fue de cuello uterino, ahora es cáncer de mama. Porque la gente descuida mucho esos órganos. Yo nunca pensé que me iba a dar cáncer de mama y me dio, me tocó los ganglios. Yo estuve muy mal. Y fíjate que eso también tiene que ver con Monólogos de la vagina. En esa misma época, cuando estábamos en las funciones, me dio cáncer.

¿Cómo fueron esos meses para usted?

—Justo en la época de Monólogos de la vagina me operaron, pasé mis semanas de recuperación. Buscaron a una sustituta. Yo me empecé a recuperar; pero, claro, se me cayó el pelo, las pestañas, las uñas. Todo. Horrible. La quimioterapia es muy fuerte y en 2001 más. Ahorita hay más protocolos que te protegen los otros órganos. Entonces yo quería hacer la obra de teatro. Insistí. Y trabajé en pleno tratamiento de quimioterapia. Es muy divertido, porque no tenía cejas ni pestañas, no soportaba ni  pelucas ni pañuelos ni nada. Salía al escenario como un bombillo. La gente se impresionaba. Mis compañeras decían: Ay, Tania, no salgas así como una nalga (risas). Y empezaron a maquillarme, pero yo parecía, mi amor, un muñeco ventrílocuo. Horrible. Y no, me lavé la cara y entonces el director, Héctor Manrique, dijo: Déjala que ella salga así, como una nalga. E hice mi función. Yo seguí actuando. Y mi oncólogo de la Clínica La Floresta que me hizo el tratamiento, no lo podía creer. Me decía: Por la mitad de lo que te aplico a ti tengo que hospitalizar a pacientes deshidratadas, y tú montada en un escenario. Entonces yo lo invité a la obra y fue a verme y se quedó pasmado. Me decía: Vas para la historia de las mujeres con cáncer, porque eso no puede ser normal. Bueno, tuve un año curándome e iba para todos lados con la obra, hasta a Mérida. Me inyectaba yo misma en la barriga para subirme las defensas, porque la quimioterapia te descompensa mucho.

Fue sanar con arte…

Me pareció que el teatro fue parte de mi sanación. Después entré a la Fundación Senos Ayuda para llevar el mensaje y testimonio para estimular a las mujeres para que se hicieran las mamografías y se cuidaran. Ese trabajo también fue parte de mi sanación.

Monólogos de la vagina también se ha convertido en un manifiesto contra la violencia de género, ¿cuáles son los monólogos que más la han impactado?

—Habla de la violencia machista, de las mujeres que matan, las violaciones. Se habla de todo el maltrato que históricamente ha habido contra la mujer. Uno de los monólogos más impactantes, que lo leía Caridad Canelón y luego también las demás, habla de una violación a una niña cometida por un amigo del papá. Está también el testimonio de una musulmana que en la Guerra de los Balcanes que es violada por militares. Es terrible. Indignante.

Una tragedia que pareciera no tener fin…

—No sé hasta qué punto la gente ha tomado conciencia. Pero ahora las mujeres tienen más herramientas para defenderse, más conocimiento en general. Y sin embargo, sigue habiendo mucha violencia de género. Siempre hay estadísticas en todas partes del mundo de hombres que matan a sus mujeres y a los hijos por celos o porque ella los dejó. Aquí en Venezuela también sucede. Y el covid-19 ha incidido en esta situación, porque como están todos encerrados en una casa se concentra la violencia y ha habido mucho maltrato tanto a madres como a hijos. Están pidiendo a los vecinos que por favor avisen si ven o escuchan pleitos y peleas, que también denuncien.

Con la pieza, además, se habla de la vagina como instrumento de poder. ¿Usted la considera así?

—La vagina puede tener esa doble cara, muchos usos, porque también está la prostitución, que es una parte negativa en términos de moral, o usarla como un intercambio para dinero. Pero te digo: hay gente que lo hace por necesidad de verdad o porque ha tenido una infancia muy terrible, hay muchas causas para que la mujer llegue a la prostitución. Yo no la juzgo, porque me parece horrible estar juzgando a la gente sin saber por qué o cómo llegó a eso. Pero en términos morales esa sería la parte negativa, cómo manipular a un hombre o a otra mujer, porque ahora tú sabes que hay de todo.

Pero a veces pareciera que el debate sobre violencia de género se desvía hacia el querer establecer la superioridad de uno u otro, o culpar al hombre de todo lo negativo

— A mí me parece que la mujer sí tiene que alcanzar un respeto y una situación de igualdad en muchos ámbitos. Hay hombres buenos y malos, igual que hay mujeres buenas y malas. A lo largo de la historia ha habido mucho abuso contra la mujer, pero creo que el feminismo tiene que ser la igualdad en todos los aspectos. No puede ser que yo sabiendo lo mismo que el hombre o que me haya graduado con mejores notas gane menos en una empresa por el hecho de ser mujer. Me parece injusto este tema, junto con la manipulación en los trabajos, el acoso sexual. Pero creo que ellos también han sufrido acoso, contra los homosexuales, los abusos cometidos contra niños varones. Es una cosa general que les ha pasado a hombres y mujeres, desgraciadamente. Hay que pedir respeto  a la dignidad humana.

El tren del que Tania Sarabia nunca se bajó

Son más de 40 años los que lleva interpretando personajes. Comenzó a mediados de los setenta con la pieza Acto Cultural de José Ignacio Cabrujas. Siguió en todos los formatos y pantallas. Tania Sarabia nunca ha dejado el teatro; lo detuvo por un tiempo a causa del covid-19 y aun así buscó maneras de actuar, porque es lo que más le gusta hacer, con lo que drena muchas cosas.

Por el confinamiento, tuvo que suspender Tania en cinco movimientos con la que giraría por el país. Sin embargo, se volcó a las redes sociales y presentó en formato online piezas como Vecinas. Confinadas y desesperadas junto a Evlin Pérez, Comedia a la carta bajo la dirección de Rafael Romero y a través de la plataforma mimilazo.net; La tía Chucha producida por Jorgita Rodríguez vía Zoom. “Desde que me monté en el tren más nunca me volví a bajar. Imagínate tú”, dice.

¿Y cómo ve el teatro en Venezuela en la actualidad, más allá de la pandemia?

—Muy triste y pobre para lo que teníamos y para lo que viví. Estuve cinco años en la Compañía Nacional de Teatro, donde hacíamos cuatro montajes grandes al año de clásicos. Montábamos Shakespeare, Moliere, Goldoni, musicales. Hacíamos de todo, producciones buenísimas. También el Festival Internacional de Teatro con el que venían los mejores grupos de todas partes del mundo, era famosísimo. Venían actores de Japón, de China, de Europa, América Latina, nojombre. Y ahora nada. Ahora todo se hace con las uñas, mi amor, porque está carísimo. ¿Qué haces? ¿Cómo montas una escenografía si un clavo cuesta un realero? No podemos. El país está muy venido a menos en todos los aspectos. En televisión ningún canal hace telenovelas. Para los actores ha sido muy duro, para los artistas en general. Pero seguimos, con el 30% de aforo en las salas de teatro por temas de bioseguridad. Sin embargo, es muy difícil vivir con esa miseria que te puedes ganar. Aquí sobrevivimos. Yo no me salgo de nada. A veces hago un Zoom donde promociono algo en mi Instagram y con eso más o menos uno va. Más menos que más. Pero seguimos. Gracias a Dios.

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