Opinión

Premisas para avanzar en el diálogo

Un elemento que incide fuertemente sobre la correlación de fuerzas es la existencia del conflicto que opone a Washington y Caracas

Una vez que se ha constatado que el método utilizado en los últimos años, de presión sobre el estamento militar para generar un alzamiento, no logró el objetivo, se renueva la posibilidad de una evolución de los acontecimientos encaminada por senderos de convivencia.

Ahora bien, para transitar por ese camino con paso firme no es suficiente el retorno a la vía democrática y electoral por la oposición, o que la fórmula de “elecciones libres” sea admitida por el sector gubernamental. Esta óptica conduce a crear un engañoso espejismo que puede terminar “costando más de lo debido”.

Correlación

La convivencia de factores en pugna no deriva, en un primer momento, ni tiene como acto constitutivo, un proceso electoral, sino que nace de la aceptación, bien sea forzada o por consentimiento, de una determinada correlación de fuerzas sociales, políticas, militares e internacional.

De esa aceptación, emana un sistema funcional, con ciertas tensiones, pero sin antagonismos de exclusión extrema, en el que distintas élites, intereses sociales e internacionales interactúan sin dinámicas de supresión del otro.

Convivencia

En el contexto venezolano, una convivencia que emane y se sustente en la correlación de fuerzas que existe en la realidad tendría que pasar por una redefinición de los objetivos de mediano plazo de los distintos actores en confrontación, tanto en la dimensión interna del conflicto, como en lo referente a la dimensión internacional, en la que se oponen dos Estados, el estadounidense y el venezolano.

Sin esas redefiniciones, no habrá convivencia por más que se celebren elecciones, bien sean “libres” o “no libres”. Las elecciones funcionan como elemento regulador, pero entre los componentes de un sistema que ha sido ordenado y aceptado en razón de una determinada correlación de fuerzas, más allá de lo electoral.

La alternancia en posiciones de poder tiene lugar entre las élites que admiten y son parte del sistema. Las fuerzas “externas”, que no reconocen ni aceptan la correlación de fuerza que ordena el sistema político y social sólo ascienden cuando la correlación se quiebra. Mientras, y por lo general, las distintas fracciones de las élites que hacen parte del sistema comparten y se alternan en las posiciones de mando de la sociedad.

Pacificación

En la situación venezolana no existe una correlación claramente definida -sobre todo por el peso de la dimensión geopolítica del conflicto- que facilite un sistema de convivencia, por más normas jurídicas y espacios para el desenvolvimiento que puedan o no existir.

De manera que todo indica que, o se mantiene la pugna, o se procede a la redefinición de los objetivos de poder de los diferentes componentes y actores involucrados. Esa redefinición difícilmente se dará de forma espontánea, sino que requerirá un laborioso proceso de pacificación y negociaciones.

Internacional

Un elemento que incide fuertemente sobre la correlación de fuerzas es la existencia del conflicto que opone a Washington y Caracas. El gobierno estadounidense tiene intereses de poder relacionados con el Estado venezolano, en la medida en que aspira a que sea parte de su dispositivo geoestratégico.

En función de sus objetivos, ha colocado el peso de su condición de gran potencia en el plano diplomático, el financiero, el militar, así como su capacidad para actuar con modalidades de bloqueo económico por medio de sanciones.

Una redefinición de objetivos por parte de Estados Unidos es indispensable para que se estabilice la convivencia. Esto es posible, por medio de la construcción de acuerdos de cooperación y amistad entre los dos países, en diferentes áreas, incluida la de seguridad, en condiciones de igualdad soberana y sin que Venezuela pase a ser parte del eje geopolítico estadounidense ni de ningún otro eje mundial. Para ello, se requiere una negociación de Estado a Estado, con garantes de los organismos internacionales.

En lo interno

Ciertamente, es mucho más fácil llegar a acuerdos entre los factores internos, pero serían insuficientes. Se podría avanzar internamente en materia económica sobre la base de un modelo de economía mixta consensuado y de superación del modelo rentista. En lo social, ya existe una conciencia mayor en los grupos empresariales sobre la distribución de la riqueza y el Estado de bienestar. Y en lo político, un entendimiento de convivencia es viable por medio de la pacificación, en el marco de la actual normativa constitucional.

LEOPOLDO PUCHI

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