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Para José Manuel Olivares las elecciones regionalesson una rendija de oportunidad

El diputado electo en 2015 y excandidato a la Gobernación de Vargas en 2017 no oculta su aspiración de competir el 21-N, pero aclara: “Nunca haría nada fuera de la unidad”. A quienes critican su regreso al país en vísperas de las regionales responde que su decisión “y el riesgo” es personal y que con ella no daña a nadie. Informó que hace varias semanas renunció a la tarea de comisionado presidencial para salud y atención de los migrantes.

El 26 de julio de 2018 el diputado electo por el estado Vargas para la Asamblea Nacional 2016-2021, José Manuel Olivares, salió de Venezuela hacia Colombia de manera clandestina tras hacerse pública una amenaza de detención contra su esposa y su hermano, Juan Carlos Sosa, quien ya había estado preso durante 11 meses en el Sebin, sin juicio.

En julio de 2020, el presidente encargado de Venezuela, así reconocido por medio centenar de países, Juan Guaidó, designó a Olivares como comisionado presidencial para la crisis de salud y atención de los migrantes venezolanos. El 5 de julio de 2021, luego de casi tres años exiliado en Colombia, Olivares regresó a su casa en Catia La Mar.

A 72 horas de su retorno, José Manuel Olivares conversó sobre sus motivaciones para volver, sus aspiraciones a la Gobernación de Vargas, la unidad de la oposición, los errores discursivos y estratégicos de la alternativa democrática, y sobre su gestión como comisionado de Guaidó.

José Manuel Olivares cree que si la Plataforma Unitaria decide participar en las regionales, la campaña electoral no puede enfocarse en las típicas ofertas de gestión sino en convencer a la gente de que el voto y la elección son herramientas de lucha y mecanismos de expresión del descontento.

A propósito del retorno suyo y del diputado Américo de Grazia, han surgido críticas que los señalan de haber vuelto “como si nada”, en circunstancias de las que pueden sacar ventaja o que incluso perjudican la institución del asilo político ¿Qué responde?

–Es público, notorio y comunicacional que desde el año pasado vienen sucediendo cosas en Venezuela que abren una pequeña rendija de oportunidad. Yo tomé una decisión personal que pone en riesgo mi vida y mi libertad al regresar a mi país, para estar con mi familia, para luchar con la gente como lo he hecho desde 2007, para construir soluciones y ser útil al país. Cada historia es distinta. Yo tuve un hermano secuestrado 11 meses en el Sebin, tuve que huir del país con un bebé de tres meses porque allanaron la casa de la que era mi esposa, salió una orden de captura. Estuve tres años sin abrazar a mi madre, dos años sin abrazar a mi padre, me divorcié y mi exesposa se vino a Venezuela y pasé ocho meses sin ver a mi hijo. Yo tenía razones de sobra para querer volver a Venezuela y con eso no daño a nadie ni daño la institución del asilo. Acepto la crítica sin complejos, con la frente en alto y quisiera que todos los que están afuera por las razones que sean, pudieran regresar y tener la sensación que yo tuve al reencontrarme con mi familia, con mis amigos. Y antes de que me lo preguntes, termino diciéndote: no negocié nada, no me van a dar nada, no es una transacción, no es algo a cambio de algo, no me cuadré con nadie. Fue una decisión personal.

¿Cómo encontró a Vargas, ahora La Guaira, luego de 3 gestiones consecutivas del hoy fallecido Jorge García Carneiro? ¿Cuál es el problema más grave que tiene Vargas?

–El estado Vargas tiene un problema gravísimo de transporte. Eso ya tiene unos cuantos años, comenzó con las perreras y con una denuncia que hicimos hace varios años sobre el cementerio de autobuses Yuton arrumados en Camurí Chico. A la gente le toma hasta cuatro o cinco horas para ir de su trabajo a su casa. Es muy complicado el tema del agua; aquí hay un sentimiento encontrado cuando llueve porque después de 1999 los guaireños le tenemos temor y respeto a la lluvia, pero es la oportunidad para llenar los tobos y tener agua en la casa. El tema salud se ha convertido en un problema grave y la gente ha hecho mucha conciencia de lo mal que está el sistema de salud a raíz de la pandemia por COVID-19. El Hospital de Pariata, el Seguro Social, el ambulatorio Eudoro González de Carayaca abandonados, el Hospital de Naiguatá sin nada. No hay radioterapia, no hay quimioterapia, no hay dónde atender a los pacientes oncológicos. Si se te presenta algo muy serio, tienes que coger para Caracas. Y el problema nacional, de todos, que es que la plata no rinde, que si no te llega una remesa no te alcanza, la crisis económica pues.

Usted señala que volvió para reencontrarse con su familia, pero también está planteada la oportunidad de ser candidato a la Gobernación de Vargas ¿Está dispuesto a postularse incluso por fuera de la unidad o de su partido?

–Cuando te hablaba de que vine a luchar y a construir, una de las cosas que hay construir es la unidad. No existe, no hay manera, es imposible que yo haga algo fuera de la unidad. Me dio alegría que la tarjeta de la manito, que nos da un recuerdo de victoria, de unidad, la tarjeta más votada de la historia de Venezuela, volvió a estar en manos de la oposición. Yo creo que hay que luchar por devolverle el valor y el poder al voto como herramienta de cambio, de levantar la voz, de sacar a estos tipos que tienen 20 años gobernando Vargas, 20 años gobernando al país. Y para salir de esta gente y lograr el cambio que quiere la mayoría, hay que construir un plan real que también respete a ese 20 % que sigue creyendo en la revolución, en el presidente Chávez y en Maduro, pero reencontrándonos y reconociéndonos como venezolanos.

¿Entonces se postularía si se decide por unidad o si la Plataforma acuerda inscribir candidatos y mantenerse en el proceso mientras negocia condiciones?

–No sería un secreto para nadie porque tengo haciendo política en Vargas desde hace muchos años. Cuando me metí en la política venía de ser dirigente estudiantil, graduarme de médico y me planteé que quería ser útil a mi país y me decidí por mi estado que en ese momento era el estado más chavista de Venezuela. Ese trabajo de la Unidad dio un fruto que fue el resultado de las elecciones parlamentarias de 2015. Entonces no sería un secreto para nadie que yo siga luchando por mi estado. Eso sí: nunca rompería la unidad, nunca haría nada fuera de la unidad. Lo que yo quiero hacer estando aquí es ser útil a eso: a que sea cual sea la decisión, se tome en unidad y que el debate sea sobre la gente y no sobre los partidos, cómo motivar a la gente y que la política le sea útil a la gente.

Este 5 de Julio la Plataforma Unitaria dejó ver en un manifiesto que sea cual sea la decisión que se tome respecto a las regionales, no se va a execrar a quienes actúen en dirección contraria. Eso parece favorable para la unidad…

–Tengo la misma interpretación. Eso nos muestra que las posiciones son flexibles, que no hay intransigencias. Creo que hay que dejar la política del absolutismo, la política del blanco y negro, de patriotas y traidores, buenos y malos ¡No! Aquí todos somos útiles, todos tenemos que entendernos, respetarnos y reconocernos. El que quiera luchar en Venezuela, véngase. El que quiera ser candidato, luche por condiciones. El que quiera un referendo revocatorio, luche por condiciones. Al final todos confluimos en lo mismo: querer el cambio de gobierno, reinstitucionalizar el país, una economía fuerte. Si todos queremos lo mismo, vamos a ponernos de acuerdo, sin absolutismos, para alcanzar el objetivo de lograr una salida a la crisis, entendiendo que ninguno puede solo, protegiendo ese activo que nos pertenece a todos, que es la unidad.

Si su candidatura se concreta ¿haría una campaña tradicional con un jingle pegajoso, una samba y promesas de resolver el transporte, dotar los hospitales, fomentar el turismo, aunque todo eso depende del gobierno central?

–No. No me imagino la típica campaña con un jingle, una samba, saltando por una cuadra. Creo que sería una campaña distinta con muchos retos que no habíamos enfrentado antes. Retos como la COVID-19, que nos obliga a cuidar y preservar a nuestra gente. El reto de que esa elección no sería ninguna fiesta sino una herramienta más de lucha como tantas que hemos tenido para buscar un cambio; un mecanismo de expresión del descontento, del que está obstinado de hacer colas. Retos como que mucha gente se ha ido del país. El reto de tener una mayoría silente que está en su casa esperando un mecanismo para expresarse. Retos como que hay una generación de jóvenes que no usan Twitter ni Instagram, sino Tik-Tok. Entonces tenemos que actuar con inteligencia para aprovechar la pequeña rendija de oportunidad que se abre y arrebatarle al chavismo las gobernaciones y alcaldías que sean, y a partir de ahí construir una fuerza que permita seguir avanzando con el poder del voto, en la salida de Nicolás Maduro. Entonces hay una escena política nueva que reta a los políticos a entender esos cambios y hacer un proceso distinto.

Le hice la pregunta porque en 2017 fue perturbador que luego de cuatro meses de represión estatal y paraestatal y más de 100 venezolanos muertos, la oposición acudió a las elecciones regionales con una campaña tradicional, sin un mensaje sobre lo que había pasado, como si aquello no pasó.

–Eso es tan cierto que a mí me corresponde pedir perdón y disculpas por eso. Porque la oposición, incluyéndome, tenemos un defecto y es que no nos gusta pagar la cuenta. Vamos al restaurante, comemos y nos vamos. Ese es un defecto que tenemos en la oposición y lo reconozco, incluyéndome repito, porque yo fui candidato en 2017. Yo estuve en esas protestas también, lo digo con la frente en alto, me partieron la cabeza con una lacrimógena, estaba muy cerca de Pernalete cuando lo mataron, nos pudieron haber matado. Eso pasó. Y mucha gente no entendió cómo fue que estuvimos meses protestando para sacar a Maduro y luego los llamamos a votar. Es que no pagamos la cuenta, le explicamos a la gente nada. No les dijimos ‘hicimos todo lo que pudimos pero no lo logramos, nos lanzaron a la guardia y nos mataron’. Eso no se hizo. Nosotros hicimos una campaña como si no hubiese pasado nada. Eso fue un error. Por eso, hablando del tipo de campaña, eso comienza por reconocer que cambiaste de estrategia y explicar por qué. Eso no lo hicimos.

En julio del año pasado Juan Guaidó lo nombró Comisionado Presidencial para Emergencia en Salud y Atención Sanitaria al Migrante ¿mantendrá esas funciones en los próximos meses o va a renunciar?

–Eso tiene que decidirlo Juan (Guaidó). Yo hace muchas semanas le envié una carta personal de renuncia a Juan donde le manifestaba nuestra relación de amistad, nosotros nos conocemos desde la lucha estudiantil, comenzamos a hacer política juntos en Vargas. Ese nombramiento para mí fue un episodio más de lo que ha sido mi razón de estar en la política, mi razón de luchar que es la salud y la vida de los venezolanos. Hicimos un esfuerzo inmenso para ayudar, aún sin contar con asignación presupuestaria, pero con relaciones, ingenio y las fuerzas que te da el ver a tantos venezolanos pasando tanto trabajo. Cumplimos con responsabilidad.

¿Desde esa posición que cosas logró y qué quedó pendiente?

–Se avanzó mucho para lograr pequeños espacios de atención en los países fronterizos. Para algunas personas puede sonar poco decir que se atendió a 10, a 100 o a 1000 familias, pero para esas familias significó mucho. Por eso no quisiera entrar en cifras, pero se hizo mucho en Colombia, Perú, Ecuador y Chile con los ministerios de salud. Se lograron espacios de atención para mujeres embarazadas, pacientes crónicos, casos oncológicos que se fueron resolviendo. Se avanzó mucho para lograr que Venezuela entrara en el mecanismo Covax, a pesar de la negativa y trabas que puso Nicolás Maduro. Fue importante lo que se logró con la atención al COVID-19, la dotación y el envío a Venezuela de material de protección para el personal de salud. Cumplimos también una función política al decir las cifras reales de contagios y muertes por la pandemia que permitiera a la gente ver la verdadera gravedad del asunto. Apoyamos mucho en temas de identidad en Colombia, en Norte de Santander. En el Hospital de Cúcuta Erasmo Meóz se pudieron hacer gestiones para la atención y vacunación de venezolanos. Y también mencionaría todo lo que se logró hacer para allanar el camino para la reválida de estudios de mis colegas médicos, del personal de enfermería, de bioanalistas, en muchos lugares de América Latina.

El presidente Guaidó dijo en mayo que a partir de junio se realizarían las presentaciones de los informes de gestión de todas las dependencias del gobierno encargado. Hasta ahora solo han presentado dos informes ¿Cuándo le corresponde a la comisión que usted encabezó?

–A mí no me han contactado. Sé que nombraron a un compañero para la tarea de recopilar los informes de cada comisionado, pero a mí no me ha contactado nadie. En lo que me contacten y me den los parámetros y lineamientos con todo gusto, a pesar de que ya me desprendí de esa responsabilidad que me dio la Asamblea, con gusto lo haré. Tal como lo estoy diciendo ahora, con la verdad y dejando claro que no se me asignó ni un bolívar, ni un dólar, ni recursos de ningún tipo.

¿Sabe quién será designado en esa función en reemplazo suyo?

–No lo sé. No sé si va a continuar, si lo han eliminado. Lo desconozco.

Por último, diputado Olivares ¿tiene alguna información sobre los hallazgos de la Fiscalía colombiana en la investigación que le solicitó Juan Guaidó por el presunto mal manejo de recursos para atender a militares venezolanos en Cúcuta en 2019? La Asamblea Nacional nunca presentó un informe y Transparencia Venezuela solo pudo presenta un informe parcial…

–Desde Caracas en aquella época se nombró a tres personas vía oficio como representantes y responsables de la ayuda humanitaria por Venezuela ante Colombia, entre los cuales yo no estaba. Yo estaba en Colombia, sí, pero como un diputado más en el exilio. Nunca tuve vinculación formal directa con el gobierno colombiano porque se nombró a otras personas desde Caracas, a través de una carta que se envió a la Cancillería colombiana, lo cual no me dio a mí acceso a ningún tipo de institución colombiana ni para la operación de ayuda humanitaria ni para la investigación que se abrió luego de las denuncias. Claro que estando en Colombia, vi los hechos que ocurrieron públicos y notorios, pero no he sido parte de ese proceso. No sé en realidad cómo va esa investigación que ciertamente se le solicitó a la fiscalía colombiana.

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