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Oposición y oficialismodicen estar listos para negociar pese a divisiones internas

El politólogo Jorge Lazo y el historiador Pedro Benítez coinciden en que las diferencias internas de la oposición son estructurales. “La unidad de la oposición no es determinante para producir una transición, pero es clave para lograr que esa transición conduzca a la democracia”, dice Lazo. “Las concesiones que Maduro debe darle a la oposición en una negociación implican para él un riesgo de perder el poder en un proceso electoral”, afirma Benítez.

“Nosotros estamos listos para sentarnos a discutir el Acuerdo de Salvación Nacional ya mismo”, ha dicho Juan Guaidó desde el pasado 11 de mayo cuando presentó públicamente la propuesta de agenda para una nueva negociación con Nicolás Maduro.

Pero al mismo tiempo es pública la existencia de al menos otro bloque opositor, encabezado por Henrique Capriles, participando desde comienzos de abril en una negociación con el oficialismo que llevó a la designación del exdiputado Enrique Márquez y el técnico electoral de la extinta Mesa de la Unidad Roberto Picón como miembros del directorio electoral.

Del lado oficialista, solo en el último mes, Nicolás Maduro despreció la propuesta de Guaidó en primera instancia y luego dijo estar dispuesto a negociar. Horas después, Diosdado Cabello ejecutó la medida de embargo del diario El Nacional.

A comienzos de mes, el Ministerio Público cambió la narrativa oficial sobre tres casos emblemáticos de violación de derechos humanos para la oposición y reconoció que Fernando Albán, Juan Pablo Pernalete y Rafael Acosta Arévalo fueron asesinados por funcionarios de seguridad del Estado.

Jorge Rodríguez engavetó la Comisión de Diálogo que instaló a comienzos de año desde la Asamblea Nacional y llamó a la oposición a conversar. Y el ministerio de la Defensa se tomó dos semanas completas para reconocer el secuestro deocho militares venezolanos por parte de la disidencia de las FARC en el estado Apure.

¿Qué perspectivas de éxito puede tener un proceso de negociación donde los bloques negociadores muestran contradicciones internas?

El politólogo Jorge Lazo y el historiador Pedro Benítez, quienes ofrecieron sus perspectivas, en algunos puntos opuestas y en otros puntos coincidentes, sobre la incipiente nueva negociación entre la oposición democrática y la coalición gobernante.

Benítez comienza por señalar que todo proceso de negociación se caracteriza porque ninguna de las partes obtiene todo lo que quiere, sino que cada bloque tiene que ceder en algo para que la contraparte también ceda. A su juicio, en el caso venezolano, el éxito sería lograr un cronograma electoral a corto, mediano y largo plazo de elecciones verificadas por la comunidad internacional que permitan una reinstitucionalización progresiva, sin causar más fracturas en la oposición.

“Un proceso de negociación razonablemente exitoso, es decir, que se ubique entre el escenario más factible y el escenario menos malo, sería aquel que conlleve a un acuerdo respetado por ambas partes que permita al país montarse en un cronograma electoral para los próximos meses y años. Y como opositor agregaría que fuera un acuerdo que no dividiera más a la oposición”, dice Benítez.

Del lado oficialista destaca que Nicolás Maduro se aproxima a la negociación con tres propósitos claros en mente: mejorar su imagen internacional, dividir aún más a la oposición y perpetuarse en el poder. En ese sentido, la participación de opositores como Henrique Capriles, Enrique Márquez, Roberto Picón, los gobernadores de AD y los alcaldes opositores actualmente en ejercicio es de gran importancia: “Pero para que esa gente participe, Maduro tiene que ceder cosas. Esas cosas, desde mi punto de vista, son una oportunidad para la oposición para reorganizarse y movilizarse. Y eso inevitablemente le crea a Maduro el riesgo de perder el poder en un proceso electoral. Entonces, en el chavismo tienen el mismo dilema que tenemos nosotros: una negociación en la que ninguna de las dos partes obtiene todo lo que quiere y cada una arriesga”.

Lazo coincide con Benítez en cuanto al objetivo de Maduro en la negociación, pero, a diferencia del historiador, advierte que el gobernante no pondrá sobre la mesa nada que ponga en riesgo su estabilidad: “Desde mi punto de vista, la negociación es una oportunidad para el régimen de Maduro para: estabilizarse y salir del confinamiento internacional en el que está; que sus instituciones sean reconocidas, y que pueda establecer ciertos acuerdos de convivencia con un sector de la oposición que termine jugando con las reglas que establezca el régimen. Entonces, en ese contexto, el que la oposición vaya dividida a esa negociación le conviene a Maduro, incluso es parte de su estrategia”.

Señala que ciertamente el madurismo hará concesiones, pero no tantas ni tan relevantes que pongan en riesgo su estabilidad: “El régimen se levantará satisfecho de la negociación si obtiene esos objetivos, a pesar de que tenga que hacer algunas concesiones. Esas concesiones serían aquellas que no ponen en peligro su estabilidad ni su supervivencia”. De allí, por ejemplo, el esfuerzo de “hacer potable” al CNE con un directorio con participación de representantes de la oposición, señala Lazo, pero “hacer creíble una institución no quiere decir que va a funcionar como esperarían quienes pretenden un cambio político”.

La (des)unidad de la oposición
Logo y lema de la extinta Mesa de la Unidad Democrática. Foto: Archivo Cristian Hernández

Ambos investigadores señalan que las diferencias internas de la oposición se han consolidado a un punto en el que son estructurales, porque divergen en la forma misma de enfrentarse al madurismo. Sin hacer apología de la división, ambos sostienen que se acerca el momento de las definiciones, porque, de lo contrario, el resultado seguirá siendo la desesperanza y la confusión en la ciudadanía opositora.

Retomando la pregunta inicial de esta nota, Benítez responde: “Que la oposición vaya dividida a una negociación no es una buena noticia y debilita ese proceso. Comienza con una pata coja”.

Pero por otra parte, señala que si se revisa la historia reciente de la oposición, desde 2013 en adelante (La Salida de 2014, la elección de 2015, el bloqueo al revocatorio en 2016, lo que pasó con la Asamblea a partir de 2017) tal vez sea un hecho inevitable que la oposición se divida definitivamente entre los que creen que hay que participar y los que creen que no se puede participar bajo ningún concepto: “Porque esta ambigüedad que se ha sostenido permanentemente en el seno de la oposición desde que existía la MUD, donde hay dos agendas irreconciliables, es como un matrimonio mal avenido. A veces es preferible deslindarse definitivamente en dos grupos y que cada uno desarrolle su propia agenda, en lugar de mantener esta situación de contradicciones que nunca se terminan de resolver y que, además, le crean a la oposición un grave problema de mensaje de cara a la gente, la confunde. Un permanente ‘sí pero no”.

Benítez agrega que esa línea discursiva de cada líder que ha tenido la oposición en estos años, que busca mantener la unidad a costa de todo “tal vez eso ya no sea posible sostenerlo y quizá no sea ni conveniente”. Aunque por otro lado resalta una convergencia fundamental de cara a la negociación entre los dos sectores mayoritarios (el de Capriles y el de Guaidó) como lo es la disposición a negociar.

Lazo comparte la lectura de Benitez sobre la dificultad de fondo para la construcción de la unidad dentro de la oposición, basado en la diferencia de visiones sobre la mejor estrategia de lucha para recuperar la democracia. “Al margen de las ambiciones legítimas que puede tener Henrique Capriles, Juan Guaidó o quien sea, hay diferencias de fondo sobre la comprensión del adversario y cómo luchar contra él. Mientras eso no se resuelva siempre vamos a volver sobre esto”.

Por otro lado, resalta Lazo, “la unidad de la oposición es una condición que favorece la lucha por la democracia, pero no es una condición indispensable”. Su importancia, explica, tiene que ver con que la unidad facilita la lucha, pero no determina la ocurrencia de la transición.

De hecho, los investigadores Sujian Guo y Gary Stradiotto, en su libro Democratic Transitions. Modes and outcomes (New York, 2016), identificaron cuatro modalidades de transición: la que se da por la vía de la conversión de fuerzas internas del régimen gobernante; la que se da por cooperación entre los sectores enfrentados, por ejemplo, a través de la firma de un acuerdo; la que ocurre a raíz de un colapso del régimen gobernante; y la que se produce por una intervención extranjera. Prácticamente, solo en la segunda modalidad descrita, la oposición juega un papel fundamental en el proceso de transición, el resto recae más en la coalición gobernante o en factores externos.

No obstante, Lazo aclara que la unidad de la oposición cobra importancia luego de iniciada la transición porque determinaría su rumbo hacia la democracia o hacia un nuevo autoritarismo: “No siendo la unidad de la oposición un factor determinante para producir una transición democrática, sí sería determinante para que esa transición se encamine hacia la democracia y no sea cooptada por un sector del chavismo”.

El madurismo se impone dentro del chavismo
Nicolas Maduro ha logrado hacer prevalecer su posición dentro del partido fundado por Hugo Chávez. Foto: Cortesía Prensa Presidencial

Mientras la opinión pública se entera en las redes sociales de las disputas internas de la oposición, en el caso del oficialismo apenas se pueden deducir según las actuaciones de sus principales dirigentes. Benítez considera que el chavismo “siempre ha sido una caja negra” y que es difícil saber si hay confrontaciones reales o simplemente juegan al “policía bueno y policía malo”. Para evitar caer en elucubraciones, se enfoca en analizar los procesos y las señales.

Señales como la declaración de Tarek William Saab cambiando la versión oficial de los casos Albán, Arévalo y Pernalete: “Esa es una señal clarísima de que el tema de la Corte Penal y las denuncias de violaciones de los derechos humanos le importa y le pesa por lo menos a un sector del régimen”.

Y procesos como lo que estamos viendo en el plano económico desde 2019 en adelante: “Desde 2019 comenzaron a abandonar el legado de Chávez y comenzaron a ensayar otra cosa. Se han dado cuenta de que necesitan al sector privado en la economía, quizá no quieren a los empresarios pero los necesitan. Ese giro lo estamos viendo también en la política. No sé si un sector se va a imponer sobre otro, pero lo que sí veo es una tendencia a mantener ese giro en el tiempo porque necesitan mejorar su imagen internacional”.

Lazo, que ha sido un investigador del modelo chavista desde sus inicios, señala: “El chavismo siempre fue un movimiento heterogéneo. Claramente, el sector que domina en este momento es el llamado madurismo. Aunque se especula mucho sobre la existencia de sectores reformistas que presionarían para que Maduro cambie el rumbo político hacia el entendimiento, la democratización, etcétera, yo no veo eso”.

Advierte que las voces del chavismo que se han mostrado pugnaces frente a Maduro han partido al exilio, son perseguidos judicialmente o han sido encarcelados. El caso más emblemático sería el de Rafael Ramírez y Luisa Ortega Díaz. “No veo gente empoderada en el chavismo que pueda tener intenciones de empujar un cambio político democrático en Venezuela. Si ese sector existe, debe estar trabajando tras bastidores, porque saben que la consecuencia de una acción abierta sería la persecución”, señala.

Sanciones, Corte Penal y otros incentivos
CPI analiza un expediente por crímenes de lesa humanidad presuntamente cometidos por funcionarios del gobierno venezolano. Foto: Cortesía @intlcrimcourt

En un artículo publicado recientemente, Benítez observa que finalmente Nicolás Maduro podría tener incentivos suficientes para honrar los acuerdos que alcance con la oposición, dada la creciente presión que significan las sanciones y la amenaza de continuar esa política si no hay un cambio en el rumbo del Gobierno venezolano; y dado también el avance de averiguaciones preliminares de la Corte Penal Internacional sobre la comisión de crímenes de lesa humanidad en Venezuela, entre otros aspectos.

Sin embargo, Lazo difiere de tal aseveración. “Cuando hablamos de incentivos atribuimos al otro determinadas motivaciones, partiendo de la idea de que el otro tiene una racionalidad parecida a la nuestra. Bajo esa lógica, se puede pensar que los incentivos de Maduro son disfrutar materialmente los bienes que tiene, retirarse sin que lo persiga la Corte Penal Internacional y cosas similares, pero yo no veo eso. Yo creo que Maduro y la gente que está a su alrededor tienen una sola motivación: el poder. Esa no es una motivación material, es una motivación política”.

Por eso, Lazo considera que una de las falencias estratégicas más grandes de la oposición ha sido su dificultad para comprender el tipo de adversario que enfrenta. Y en ese sentido advierte una paradoja: “No deja de ser trágico que la oposición que más aboga por entendimiento, negociación y diálogo en el fondo no tiene la empatía suficiente para comprender a su adversario. Una dictadura”.

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