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No han retirado escombros de ríos de La Guaira

Que se desbordaron por lluvias del 28 de agosto

Vecinos de Camurí Grande, que vivieron el desborde del río hace semana y media, no entienden por qué las autoridades nacionales y regionales no envían maquinaria pesada que despeje los escombros arrastrados por las lluvias el 28 de agosto.

Es la historia de abandono, desidia y falta de mantenimiento en ríos y quebradas que se repite desde la tragedia de 1999. La Gobernación de La Guaira ni la Alcaldía de Vargas han ofrecido respuesta sobre el particular.

Transcurrió una semana y media desde que la crecida de los ríos del este del Litoral Central revivieran los temores de la tragedia de 1999. Desde entonces, no se ha presentado una sola maquinaria pesada para el despeje de los escombros arrastrados por las lluvias de ese 28 de agosto.

Para muchos guaireños, es la historia de abandono y desidia oficial de siempre. No solo con el desbordado río Camurí Grande, cuyas imágenes impactaron a propios y extraños en redes sociales, o el de La Sabana, que seis días antes también se había salido de su cauce para arrastrar cuatros vehículos y, al tiempo, encender las alarmas entre la población.

El plan de mantenimiento mínimo para el control de torrentes y la minimización de riesgos humanos, del que tanto se explicó en informes técnicos de universidades nacionales luego del deslave de 1999, no termina de allanar la voluntad política que permita las correspondientes labores.

Desde 2010, aproximadamente, cuando se materializaron las obras hidráulicas del Plan Vargas (que no abarcó todas las cuencas hidrográficas principales de la región), no se han considerado, en tiempos de sequía, actividades de desmalezamiento, despeje de desechos sólidos y la orientación preventiva a quienes habitan en las márgenes de ríos y quebradas.

Al desamparo gubernamental, se suma que los litoralenses han tenido que sortear los efectos parciales de vaguadas tropicales en los años 2005 y 2011, respectivamente, las cuales enfilaron sus consecuencias en daños materiales, pero que cuando desbordan ríos, como ocurrió el 22 y el 28 de agosto de este año, avivan aquel horror de fin de milenio.

Dicha inacción sistemática no ha dejado de ser cuestionada por diversas comunidades guaireñas, que no se conforman con esfuerzos aislados de reducidas brigadas de la Alcaldía de Vargas que limpian, con implementos manuales, pequeñas quebradas del oeste de la entidad federal.

Eso es una improvisación. Me parece increíble que no les duela nada, que no metan maquinarias en los ríos grandes y evitar así una nueva tragedia”, expresó Aleida Pérez, cuya casa está próxima al río de Punta Care, el cual elevó su caudal durante las más recientes precipitaciones.

“No puede ser que no den respuestas”

En Camurí Grande, un poblado del este, cercano a Naiguatá y Punta Care, creyeron que ese 28 de agosto iban a vivir la pesadilla de 1999, cuando el río, de amplio canal y soporte de concreto, acrecentó sus aguas en su camino hacia el mar Caribe.

“No solo nos angustiamos, sino que muchos tuvimos que salir de nuestras casas para la carretera o zonas de la montaña a resguardarnos”, comentó Elvia Perdomo, que experimentó sensaciones similares a las de hace 22 años.

Elvia y un grupo de vecinos de la localidad han procurado comunicarse con las autoridades de la Gobernación de La Guaira para que adelanten los trabajos de limpieza del canal del río desde las cabeceras hasta la desembocadura. Pero todo ha sido en vano.

No puede ser que no den respuestas, que estén pendientes de las fulanas elecciones, de su negocio con la empresa que explota la cantera del río, y nada con esto”, sostuvo Alexandra Curvelo, que vende empanadas en la zona.

Por estos días, Camurí Grande, que es conocida en Caracas por el balneario de Playa Pantaleta y su vecindad con el núcleo de la Universidad Simón Bolívar, se ha mostrado con poca circulación de vehículos y temporadistas.

Sus moradores lamentan que las consecuencias de aquellas lluvias se extiendan a otros pueblos vecinos como Naiguatá, Anare, Punta Care, Los Caracas y otros destinos turísticos del este, donde el atractivo para el visitante, además de las playas, está también en los ríos, pozos y caídas de agua.

En medio de este panorama, el gobernador (e) José Manuel Suárez Maldonado y el alcalde del municipio Vargas, José Alejandro Terán, no han dado respuesta a la exigencia de minimización de riesgos en un estado que exhibe 23 ríos principales y 60 quebradas, y que ya ha sido calificado de alto riesgo dentro de la geografía nacional.

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