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nflación se acelera a 19% y la canasta de alimentos supera los 300 dólares

Desde enero hasta julio los precios de bienes y servicios aumentaron un promedio de 415,7%; mientras que en el último año –julio de 2020 y julio de 2021– la inflación fue de 1.984%

La inflación en julio volvió a estar en dos dígitos al ubicarse en 19%, que son 12,6 puntos por encima de junio (6,4%), debido principalmente al alza del dólar por un aumento de la liquidez monetaria en medio de un cronograma electoral por las elecciones regionales de noviembre, de acuerdo con el Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF).

En una rueda de prensa realizada el lunes 9 de agosto, el economista y diputado a la Asamblea Nacional (AN) electa en 2015 Ángel Alvarado informó que desde enero hasta julio los precios de bienes y servicios aumentaron un promedio de 415,7%; mientras que en el último año subieron 1.984%.

Alvarado acotó que si bien la tasa de inflación interanual se ubicó por debajo de 2.000% por primera vez desde 2017, es muy probable que vuelva a acelerarse en el último trimestre del año cuando históricamente ocurre un aumento importante del gasto público por la temporada navideña pero también particularmente este año por las elecciones regionales convocadas para noviembre próximo.

«No podemos decir que estamos saliendo de la hiperinflación porque hay riesgo de que se acelere la tasa por encima de 50% en el último trimestre del año, cuando el gasto público se acelera y sobre todo este 2021 por el episodio electoral».

Indicó que la liquidez monetaria creció 46% por la entrega de bonos a través del sistema patria, lo que provocó una depreciación del tipo de cambio de un 24%.

Alvarado asegura que el tipo de cambio ha estado fuera de control en comparación con el segundo trimestre del año a pesar de la política monetaria contractiva que aplica el Banco Central a través del encaje legal.

El rubro que más subió fue educación, con una variación de 36,1%, debido al cierre de otro año escolar, al reajuste de las tarifas en los colegios de cara al próximo periodo académico y al pago de inscripciones, según el reporte del OVF.

A educación le siguen los rubros equipamiento del hogar y esparcimiento.

La canasta de alimentos, que cubre las necesidades de una familia de cinco miembros, llegó a un máximo histórico de 303,08 dólares, lo que significa un alza de 44,32% (93,08 dólares) desde noviembre de 2020 y 20,6% desde enero de 2021.

Asegura que Venezuela es uno de los países con el costo de vida más alto como una respuesta a los aumentos del gasto público evidenciado en el crecimiento de la liquidez monetaria y a que al mismo tiempo las autoridades contienen el tipo de cambio, lo que hace que los precios de bienes y servicios se muevan más rápido que el dólar y que, por ende, la vida se haga más cara en dólares.

Reconversión

Por otro lado, insistió en que aplicar una reconversión monetaria sin parar la hiperinflación provocará que se le sigan agregando ceros a la moneda y calcula que el dólar que hoy es 4 bolívares digital esté alrededor de los 40 bolívares para fin de año. «El orden adecuado es parar la hiperinflación y luego hacer una reconversión monetaria. A tres años de reconversión monetaria de agosto de 2018, los precios se han multiplicado por 800% y la actividad económica se ha contraído más de 60%».

El sociólogo del Centro de Investigaciones Populares Alexander Campos indicó que las dos mayores preocupaciones de los sectores populares fueron las expectativas de una nueva reconversión monetaria y los factores «delincuenciales» que están influyendo cada vez más en los precios de los productos.

Explicó que la inquietud provocada por una posible e inminente reforma de la moneda, que fue finalmente anunciada el 5 de agosto para el 1 de octubre, no era por la medida como tal sino por rumores sobre posibles medidas que vendrían acompañadas de la reconversión, entre ellas la eliminación del subsidio de la gasolina y un incremento del salario mínimo.

«La gente ya tenía su propia reexpresión del bolívar, la había hecho porque tenía que comunicarse. Al millón lo denominaban mil, le habían quitado tres ceros sin pedirle permiso al gobierno. Es decir, existía un lenguaje oficial y una denominación oficial que quedaba para comercios, bancos y organismos oficiales, pero por otro lado en el día a día iba la gente va resolviendo por su cuenta sin esperar nada del régimen en esta materia, va buscando su propia salida y sus propias soluciones».

De acuerdo con Campos, los sectores populares tomaron con serenidad el anuncio de la reconversión porque ya saben que al fin y al cabo se trata de un maquillaje y de un alivio para el manejo de la moneda en el intercambio comercial. «Hay una especie de aprendizaje social en esta materia que fue haciendo que se viviese de una manera más serena. Sin embargo, evidentemente había y todavía hay mucha suspicacia del por qué la hacen efectiva tan cerca de la fecha de elecciones regionales. La gente no es tonta y da su propia interpretación, saben que el gobierno busca dar la impresión de que estar haciendo algo efectivo. Es la lectura que la gente le está dando. No obstante, a pesar de querer dar esta impresión, para la gente la reconversión evidencia el fracaso en materia económica, que es vista por la gente como que el gobierno la trata con arbitrariedad y sin ningún criterio riguroso ni científico. Como le vaya saliendo y conviniendo, como a sus intereses le resulte mejor».

El impuesto malandro

Por otro lado, sostiene que los venezolanos en zonas populares se están dando cuenta de que hay elementos cotidianos además de los macroeconómicos que están incidiendo en la fijación de los precios de bienes y servicios, entre ellos el matraqueo en las alcabalas con las que se encuentran productores y transportistas cuando movilizan los productos a centros poblados, el verdadero costo de los combustibles y las vacunas que vendedores pagan para que les cuiden la zona.

«La gente se pregunta a cuántas personas hay que pagarles para que la mercancía que uno movilice o que tengamos aquí llegue, por cuántas alcabalas hay que pasar y a cuántas hay que darle. También se preguntan cuánto cuesta realmente la gasolina. Lo están llamando el impuesto malandro, que infla el producto».

Hambre y aislamiento

La también socióloga del Centro de Investigaciones Populares y analista político Mirla Pérez afirmó que no ha habido voluntad política para resolver la hiperinflación porque las precarias condiciones de vida son útiles para el sistema «en su propósito de dominar y someter».

«Cada vez es más complicado para el venezolano común resolver la vida con estos números. Pero eso no es un asunto de mala gestión, sino de que en la medida en el que el sistema tiene unas precarias condiciones se convierte en un mecanismo importante para la dominación».

Señaló que la hiperinflación ha vuelto vulnerable a la población por reducir sus recursos y capacidad adquisitiva hasta el punto de devengar un salario mínimo que cubre apenas 99,12% de la canasta alimentaria. «Tenemos un pueblo con hambre».

Por otra parte, denunció que a la población se le somete cada vez más a un proceso de aislamiento y de inmovilidad, que a criterio de la analista son dos componentes importantes para que avance un sistema basado en el autoritarismo que someta a la población.

«La gente está inmovilizada, aislada y con hambre y tiene que hacer un gran esfuerzo para poder sobreponerse a las condiciones y, admirablemente, lo hace. A partir de lazos de solidaridad y de relaciones comunitarias el venezolanos va tratando de tejer una red que le permita sobrevivir y mantenerse. Sin embargo, el ataque de todo el sistema va a radicalizar los componentes básicos de la dominación, que son el hambre y la inmovilidad. Un sujeto aislado, con hambre e inmovilizado es mejor para manipular».

Aclaró que el aislamiento no es solamente territorial por factores como la escasez de combustibles y la falta de transporte público, también en el ámbito de las telecomunicaciones por las constantes y prolongadas fallas eléctricas y la crisis de los servicios de telefonía y de internet, una situación que es aún más precaria en el interior del país.

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