Editorial

Linchamientos en redes o la incapacidad para organizarse

En redes sociales, es común que cada cierto tiempo ocurra algún linchamiento digital. Pienso que detrás de los motivos manifiestos para hacerlo, hay razones latentes que son la incapacidad, principalmente del mundo opositor, para organizarse desde la sociedad y desde la política.

La frustración que produce que no haya un cambio político, se desplaza a figuras que representan un pasado que se quiere anular porque recuerda esa incapacidad. Al final, se busca construir una épica del individuo pero de medias verdades que compense la incapacidad política

De las redes sociales puede decirse algo convencional, “que permiten cosas positivas pero también cosas negativas”. Lo mismo puede expresarse de los medios tradicionales. La emisora RTLM de Ruanda emitió mensajes que coadyuvaron al exterminio de la población Tutsi en 1994.

Hay que ir más allá de lo visible. Las redes sociales combinan lo instantáneo y lo simultáneo, con la selección a la medida de fuentes y contenidos, con los que se puede interactuar en tiempo real. Este artículo no es para reflexionar acerca de la redes sociales como tecnología. No es un tema que domine. Tampoco para hablar mal de ellas. Al contrario, sus bondades sobrepasan sus perjuicios. Incluso éstos, pueden ofrecer lecciones porque lo instantáneo nos muestran tal como somos.

A veces pienso que el paso de 140 a 240 caracteres en tuiter, es para darnos más margen para analizar y no mostrarnos tal cual como somos. En sociedad, somos un rol, una etiqueta, una categoría, no lo que realmente somos. En 140 caracteres, las posibilidades de mostrarse como uno es, es mayor que con 240 caracteres, porque con más extensión se puede pensar más en lo que se va a escribir. Se puede ser “políticamente correcto” y no mostrar cómo se es realmente. En psicología social decimos, “si quieres conocer a una persona tal cómo es, sácala de su ambiente”. 140 caracteres te saca del ambiente, 240 caracteres te mantiene en el ambiente.

Mi reflexión apunta a un comportamiento que noto con más frecuencia en tuiter: la cayapa, el linchamiento, caerle a alguien, verle el hueso. En pocas semanas, observé ataques digitales, unos más duros, otros menos duros, contra personas que en algún momento fueron referencia -por lo visto ya no son- y otras que siguen siendo -o eso creo: Rayma, Shirley, Norkys, Chataing, Jean Mary, y Goncalves. O quienes no son “famosos”: como el “señor de la guacamaya”. “Acusado” y “sentenciado” en redes sociales por “traficar con aves”, cuando lo que hizo fue llevar una moribunda al Parque del Este para curarla. A la “justicia” de las redes no se le ocurrió pensar en esa posibilidad antes de descargar la metralla digital.

Cada caso de los señalados tiene una motivación distinta, y no entro en valorarlas porque algunas como las de Jean Mary caen en una especie de “legitimidad de la agresión” –se burló de un GoFundMe de un animador contagiado por el COVID, quien murió– distinta a la de Shirley , quien hizo una pregunta en su programa de radio: ¿Usted está de acuerdo en que se legalice el matrimonio igualitario en Venezuela? Sí/No ¿Por qué?– y me luce que se interpretó como que la periodista condicionaba un derecho que se asume es natural.

¿Interpreté la pregunta de Shirley como que condicionó un derecho? No ¿Debería ser un derecho el matrimonio igualitario? Sí, pero soy heterosexual y creo en la familia tradicional ¿Que si estoy de acuerdo con lo que dijo Jean Mary, secundada por Alex Goncalves acerca de David Capella? Rotundamente no ¿Los linché en tuiter? Tampoco ¿A favor de la acción de la Fiscalía? Menos.

Un comentario acerca de la respuesta de la Fiscalía. Con el caso de los animadores, la Fiscalía quiere imponer una suerte de “moral y buenas costumbres” a través de la acción penal. Por lo que leí, los presentadores no viven en Venezuela y no sé si la actuación del Ministerio Público será eficaz. En el portal de la casa –El Cooperante– leí que Jean Mary ofreció nuevas disculpas con un “aprendimos la lección”. No me satisfizo la respuesta de la locutora para el tamaño de su comentario. Me pareció una respuesta muy venezolana, “me fregaron, pero ya pagué mi culpa”. Sin embargo, no creo que una acción de la Fiscalía sirva como “caso ejemplarizante” para imponer restricciones que deben venir desde los mismos usuarios o de la crítica. Jean Mary acusó el rechazo cuando expresó que su cuestionable comentario, quedará “inmortalizado” en redes sociales, así el triste se olvide.

Con la escritora Milagros Mata y Juan Manuel Muñoz es otra motivación. Es el poder del Estado contra dos ciudadanos. Es una agresión institucional por una crítica que muestra a una cúpula en el poder que vive con un nivel que contradice el discurso socialista. Olof Palme era socialista y como Primer Ministro de Suecia viajaba en el metro de Estocolmo en las horas pico para ir y venir de su trabajo. La agresión contra Mata y Muñoz es por criticar un socialismo con privilegios. A diferencia del caso de Curro y Goncalvez, aquí son los “casos ejemplarizantes” -además, con personas de más de 70 años, para que se vea que el poder es implacable con quien sea- para que “no critiquen nuestro estilo de vida”. Que un particular quiera hacer gala de su riqueza, es su derecho. Que sea el caso de funcionarios públicos, no es correcto, más si se llaman “socialistas”.

El escrito de Mata es otro asunto. Es mediocre, y con prejuicios -algunos “muy venezolanos”- hacia la comunidad árabe. Cuando uno escucha “escritor” o “escritora” piensa en textos profundos, densos, y con mucha inteligencia. Su texto, en cambio, fue otra descarga más de la frustración y rabia que hay en Venezuela. Nada de una “escritora”.

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