Editorial

Hay que condenar la corrupción venga de donde venga

Editorial

Hay que partir de la afirmación de que todos los corruptos son escorias que le hacen un daño brutal a la economía de los países y que su acción delictiva corroe los cimientos morales y éticos donde se sustenta la sociedad del hombre de bien.

No hay diferencias de siglas y colores partidistas de quienes estén incursos en guisos, triquiñuelas y vagabunderias. Es tan ruin y despreciable el que se coge los productos de las Cajas Clap y se los revende a los bachaqueros como el pedigüeño que bajo ardid engaña a ingenuos empresarios que son timados en su buena fe.

Cuando se habla de ética y moral en la política se genera una explosión atómica en los que pretenden hacer ver que todos los políticos son iguales y que no existe reserva moral. Esa generalidad es infame.

Como siempre digo «Por nuestras acciones nos conoceréis» y no sirve para nada pregonar de honestos ya que en nuestro estado todos nos conocemos. Simplemente se predica con el ejemplo.

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