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Gobernadores y alcaldes

Nuevas realidades imponen nuevas acciones. Biden en vez de Trump, Maduro firme en el poder a pesar de año y medio de sanciones. Reconocer esos cambios es imprescindible para devolver un poco de civilidad a Venezuela y un respiro a un pueblo literalmente moribundo (En Caracas, como será en el interior, no funciona un solo centro de diálisis público, nuestra gente muere envenenada por sus propias toxinas).

Estos dos nuevos factores son positivo el primero, negativo el segundo. Ya se vio que las sanciones, en su momento esperanzadoras, han durado lo suficiente para producir lo que hasta el más lerdo sabe: que atornillan a los gobiernos que pretenden cambiar (Cuba, 60 años, Irán 40, van 100 ahí nada más). La llegada de una decencia elemental a la Casa Blanca, permite pensar en una acción más inteligente hacia Venezuela. El departamento de Estado sigue llamando dictador a Maduro, pero a la vez da una señal al levantar, así sea tímidamente, algunas de las sanciones de la OFAC.

Si ahora Biden ofrece de nuevo negociar nada más y nada menos que con Irán, es posible un barajo de la situación venezolana, porque lo que está claro es que el rumbo actual no lleva a ninguna parte, mejor dicho, lleva a la consolidación virtualmente irreversible del chavismo en el poder, paradójicamente cuando su infinita ineptitud no tiene reales con que camuflarse.

La oposición ha actuado lo mejor que ha podido, Guaidó sigue siendo un referente esencial y luego de todo lo que se ha hecho no es el momento de la crítica sino de la reflexión. Es el momento electoral. Las elecciones de la Asamblea Nacional no tenían la más mínima importancia, primero porque las triquiñuelas eran insuperables en una elección complicada, con muchos cargos, circunscripciones y proporciones. Luego, porque eran como la escogencia de Miss Venezuela, esa Asamblea no tendría ni tendrá ningún poder, ni siquiera en manos del madurismo. Aquí manda y legisla Nicolás y más nadie.

En cambio, no se ve manera de perder las elecciones de gobernadores y alcaldes, aunque los votos se cuenten en Miraflores. La impopularidad del chavismo es tal (en las elecciones parlamentarias, dicen ellos, no llegaron ni al 30%, no parece que lleguen al 15% según las encuestas). Hay que votar y habrá veinte Guaidós caminando por los pueblos, más muchísimos alcaldes. Desde ahí se puede negociar con mucha más fuerza.

@glinaresbenzo
GUSTAVO LINARES BENZO

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