Denuncias

Aguas residuales traen de cabeza a vecinos de Puerto Viejo en Catia La Mar

La Guaira. Las aguas servidas en calles, avenidas y frente a los locales comerciales de la urbanización Puerto Viejo de Catia La Mar, parecieran eternas.

Pese a los eventuales traslados de equipos de Hidrocapital a esas zonas, los vecinos constantemente reportan la deficiencia en el sistema de recolección del líquido, cuyos olores putrefactos y nauseabundos se transforman en «atentados» contra la salud pública.

Es la historia de los últimos 10 años, Hidrocapital viene con sus camiones, recoge un poquito de esas aguas con estiércol y el problema nunca desaparece», comentó Luisa Herrera, habitante de Puerto Viejo.

En ese sector de la parroquia Catia La Mar, destacan un hotel cinco estrellas, varios restaurantes de comida marina y dos balnearios abiertos, en los cuales concurren no pocos bañistas procedentes de Caracas. Ninguno de esos espacios escapa a los olores putrefactos que emanan de las lagunas de aguas servidas que allí pululan.

Tras un recorrido por esa zona, desde la avenida Tacagua, la presencia de aguas servidas en la vía y las aceras adelanta el clamor de quienes se sienten burlados, no solo por la empresa hidrológica, sino también por las autoridades de la región.

En medio de los espacios anegados, varias tapas de alcantarillas se muestran dañadas, lo que ha obligado a los residentes a poner objetos para advertir a todos los conductores y transeúntes que circulan por la zona, sobre el peligro que supone la ausencia de las mismas.

Viene Hidrocapital con su camión, pero solo el resultado es por un ratico. Queremos que nos ayuden a reparar eso; es una necesidad de salud pública», advirtió María Pérez, otra vecina de Puerto Viejo, a través de su cuenta de Twitter.

En esa comunidad, y en su conexa de la avenida La Atlántida, manifestaron la preocupación por posibles brotes de enfermedades en la piel y respiratorias tanto para niños, adolescentes y personas de la tercera edad.

«Es increíble que Hidrocapital no pueda reparar esos botes que llevan años y que están peor desde la pandemia de la COVID-19. Nuestros niños y abuelos están en riesgo», agregó Yudeilis Parra, encargada de un local de comida rápida.

 
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